Hoy es viernes, y nos quedó así. Empiezo por la tarta de speculoos: una base cremosa cubiertade caramelo y un manto de migas de galleta que caen sin orden, dándole esa textura rota quetanto me gusta tocar antes de cortarla. Al lado, las tartaletas de frutos rojos se multiplican sobrela mesa de trabajo, cada una coronada con fresas, arándanos y grosellas que brillan como si lasacabaran de lavar; un trazo de salsa roja cruza cada plato, firmando la hilera entera.
Preparo también el flan, ese clásico que nunca pasa de moda: tembloroso, dorado por elcaramelo, con solo una nube de nata al lado para no distraer. Junto a él, el sacher se corta encuadrados pequeños, oscuro y denso, con su línea de glaseado brillante marcando una cruz. Yno puede faltar el arroz con leche, templado, con su estrella de canela dibujada encima comoquien firma un cuadro.
Cierro el viernes con los vasitos de mousse, uno de vainilla con virutas de chocolate, otro defresa con un lazo rosado, y uno más que apilo por capas blanco, chocolate, violeta, rematado con un rizo oscuro. Cada vaso es un resumen del día.
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